Buscando su historia
El origen de la elaboración del vino es en forma natural al
entrar en contacto con el jugo de la uva, las levaduras transportadas por el
aire. Entonces podemos decir que de forma natural todo jugo de fruta fermenta,
y este proceso lo lleva a tomar grados alcohólicos. De esta forma podemos
pensar que su comienzo es de carácter natural y muy remoto. Pero su origen en
forma más elaborada parte con el refinamiento de este proceso a través del
tiempo por parte del hombre.
La elaboración del vino no es más que la supervisión y
refinado de este proceso, y cabe asumir que se ha producido allá donde los
seres humanos han vivido en las proximidades de viñas o parras silvestres. La
vid silvestre crecía especialmente en los bosques. De sus frutos surgieron los
primeros vinos.
La vid aparece mucho antes de que el hombre poblara la
tierra. Cuarenta variedades de vitis se han encontrado en formaciones de la era
terciaria. Por este motivo resulta imposible determinar los verdaderos orígenes
de la vid.
De acuerdo con lo que se ha estudiado la vid silvestre
estaba extendida en todo lo que es el hemisferio norte, desde el Himalaya hasta
lo que es actualmente el territorio de los Estados Unidos.
Cuando se produjeron los glaciares, en la era Cuaternaria, y
el hemisferio norte se cubrió de hielo, desapareció gran parte de las
plantaciones. Sin embargo algunas plantas se salvaron, en lo que se conoce como
los refugios climáticos. Esos refugios existieron en todo Europa, Asia Menor y
en los Estados Unidos.
El más importante, en Asia, fue denominado Refugio
Caucásico, donde se conservo la mayor cantidad de especies vegetales. Los
botánicos del mundo consideran que allí se originó y luego se distribuyó hacia
el mundo la mayor parte de las especies frutales, entre ellas la vid.
El hecho de que el vino sea una bebida que fermente sola,
determino, para algunos historiadores, que los pueblos primitivos lo
consideraran una bebida milagrosa. De hecho la historia de la viña se encuentra
ligada desde la más remota antigüedad a la de la mitología oriental,
especialmente a la de Baco, que desde Asia irradió a Egipto, Tracia y los
países mediterráneos. La elaboración a Baco por los iniciados iba más allá de la
veneración debida al creador y protector de la vid. Baco apareció como una
especie de divinidad.
La historia del vino no se puede separar de la historia del
hombre. El vino ha estado unido a nuestra cultura por siete milenios, y siendo
una de las primeras creaciones del hombre, mantiene un lugar especial en muchas
culturas.
Así, españoles, ingleses, franceses y otras culturas han
introducido de forma exitosa el cultivo de viñas y la elaboración de vinos en
sus respectivas colonias a través del mundo. A través del tiempo la viticultura
ha sufrido grandes cambios, tanto en su forma de elaboración como en su uso. Es
así como se ha convertido en elemento religioso para sacramentos cristianos.
El vino tuvo gran importancia para las civilizaciones griega
y romana. Los griegos introdujeron viñas y produjeron vino en sus colonias del
sur de Italia, y los romanos practicaron más tarde la viticultura (la ciencia
de cultivar viñas para producir vino) en todo su imperio. El comienzo de la
viticultura en Francia es un tema controvertido; las evidencias que existen
sugieren que los colonizadores griegos de Massalia (Marsella) fueron quienes
introdujeron el vino en el país, aunque hay quien cree que la viticultura celta
(sobre la que no existe registro o evidencia alguna, aparte de pepitas de parra
silvestre) fue anterior a la griega. Durante el periodo romano, Galia (Francia)
se convirtió en una fuente tan abundante de vino que se dictaron leyes para
proteger la producción italiana.
Tras la caída del Imperio romano y con el dominio de los
territorios anteriormente romanos por las tribus germánicas, la producción de
vino disminuyó. Se convirtió, en algunos casos, en una actividad exclusivamente
monástica, ya que, cualesquiera fueran las circunstancias, el vino fue siempre necesario
para los sacramentos cristianos. Entre los siglos XII y XVI, no obstante, la
producción de vino se generalizó de nuevo; fue la principal exportación de
Francia durante buena parte de este periodo. Durante el siglo XVII se
desarrolló la botella, y revivió la utilización del corcho (olvidado desde los
tiempos de los romanos); esto hizo posible el almacenamiento del vino.

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